“Los Santos Inocentes” es una obra maestra del genial escritor Miguel Delibes. Tanto es así que fue llevada al cine por Mario Camus en 1984, tan sólo tres años después de que la novela viera la luz. Delibes ha dejado en nuestra memoria imágenes inolvidables, como la del Azarías y su “milana”.
Es una historia de señoritos y sirvientes, hombres y mujeres atados a la tierra y acostumbrados a cumplir sin rechistar las órdenes de sus señores. Dueños de todo y de todos, estos hacen y deshacen a su gusto desde su alta posición jerárquica, sin importar a quien estén humillando o quién pueda resultar desdichado a causa de sus acciones. El mejor reflejo de esto es la figura del señorito Iván, quien trata a su subordinado como a un perro (literalmente) en las mañanas de caza.
Sin embargo, a pesar de su vida esclava, “los santos inocentes,”, gente humilde y humillada, están dotados de gran difnidad, que resiste a los comportamientos más violentos e inhumanos. En la figura del Azarías y de “la niña chica” se refleja, precisamente, la figura de esos pobres inocentes.
