LA LUNA Y SEIS PENIQUES es una de las grandes obras del novelista inglés SOMERSET MAUGHAM, que dejó de lado parte de su denso psicologismo para contar la historia del financista Strickland (a modo de biografía figurada del pintor Gauguin, autor postimpresionista y padre del arte moderno). MAUGHAM narra el conflicto entre el artista y una sociedad convencional en la que no encaja, su viaje a Haití y su amistad con “el pintor holandés”, que no es otro que Van Gogh.
Esta vez Maugham, en vez de retratar la desilusión de la burguesía de finales del S XIX y principios del XX, lleva el desencanto de la vida moderna a un paraíso escondido, retratando con acierto el afán de Gauguin por dejar atrás los convencionalismos sociales, de compartir la simplicidad de los pueblos más inocentes, de los más aislados de la civilización, con un agudo poder de observación.
El estilo de Somerset Maugham es de una gran facilidad de lectura, de una gran sencillez estilística y una visión del mundo irónica y desencantada. Su formación como médico le influyó a la hora de ver el mundo desde el pesimismo, y sus obras desprenden, además de un fino cinismo, sabiduría, agudeza y alta sensibilidad. LA LUNA Y SEIS PENIQUES es una obra que, siendo novela, es plenamente poética, repleta de descripciones trágicas, de ritmo pausado y reflexivo, llena de humanidad y fragilidad.
Un personaje que decide un día abandonar su vida feliz de burgués para convertirse en pintor sin haber tenido ninguna educación artística previa. Lo único que importa es el entusiasmo, sin tener en cuenta lo que dirán los demás. Lo único relevante será su arte, la vida como aventura, el cinismo ante el conformismo. Es la biografía del artista verdadero.
